La palabra es fundamental para representar, en el siglo XIX, la región patagónica, en el triple sentido mimético, político y teatral. A fines de este siglo, la nación argentina está en pleno crecimiento y el utopismo de raíz positivista percibe la Patagonia conjuntamente como un lugar a construirse, pura futuridad, y como un lugar que desaparece, pura prehistoria. Así, este utopismo, del que Sarmiento es un ejemplo, indistingue el futuro del presente y traslada esta indiferenciación en la percepción de la realidad al lenguaje con que se describe la Patagonia.
Esta dilatada e indeterminada región, allende la lábil frontera de Buenos Aires hacia el sur, es un territorio discursivamente asociado a lo que desaparece. Blengino advierte que desaparecer fue un verbo “muy difundido en las crónicas argentinas sobre la campaña del desierto de 1879, la campaña militar que cierra definitivamente la cuestión de la frontera y que destruye toda resistencia indígena, desde el extremo sur de la provincia de Buenos Aires hasta la Patagonia” (27). Lo que desaparece, en plena construcción de la nación argentina, es más precisamente lo que se hace desaparecer forzosamente. Silvestri recuerda, al respecto, cómo la guerra contra el indio implicaba la estrategia de tierra arrasada. El testimonio de Ebelot, ingeniero y cronista francés de la campaña de Alsina y luego de Roca, es ilustrativo al respecto. Cuando él llega a las Salinas Grandes, persiguiendo a Namuncurá, encuentra entre los toldos vacíos sembraduras que presagiaban una gran cosecha. Entonces confiesa: “Tuvimos el cuidado de incendiar las que empezaban a amarillear y de soltar caballos en las demás” (Citado por Silvestri 238). De este modo, entre otros propios de la guerra contra el indio, se produce un vaciamiento del espacio social y natural, el que llega a tal punto que puede afirmarse que “del hábitat nativo, sólo quedó la toponimia” (Silvestri 238). Los espacios llenos son vaciados y convertidos en desierto.
La palabra desierto, de uso generalizado en los documentos y alocuciones de la época, no designa “a un espacio deshabitado, sin vida, sino a los territorios de la pampa y de la Patagonia ocupados por los indios” (Blengino 27). Este espacio, que “no estaba ciertamente vacío, es literalmente vaciado por la guerra, y sobre este plano vacío se efectuarán las mediciones geográficas posteriores” (Silvestri 238). Así, mientras por un lado se produce el borramiento o vaciamiento de la realidad humana y natural preexistente, por otro se produce el llenado del lugar con signos y símbolos que permitan describirlo e interpretarlo. Aquí la literatura tendrá un rol primordial. Basta recordar, a guisa de ejemplo, cómo el poema La cautiva de Esteban Echeverría publicado en 1837 reinstala, en una nueva clave, una serie de lugares comunes ya utilizados en la literatura precedente para referirse a la pampa, indistinta en parte, como vimos, a la Patagonia. Así, como observa Silvestri, con este texto reaparecen y se fortalecen algunos clichés para representar este espacio, por ejemplo, “la comparación con el océano, el viaje terrestre como errancia marítima, el cielo rojo que anuncia la quemazón, el silencio amenazador de la noche y, especialmente, el sentido de todas estas figuras anudado por los hijos de esa naturaleza, los indios, centauros bárbaros, chusma hormigueante, demonios” (224).
Mientras en el siglo XIX las imágenes fantasmáticas sobre la región son muchas y variadas, al igual que los actores involucrados en su reproducción (los exploradores, los hombres de ciencia, los militares, y posteriormente los misioneros salesianos, los viajeros, los colonos y finalmente los escritores), el sur de la nación que se estaba construyendo se concibe como una unidad. El desierto “se interpreta como unidad: cubre todo el espacio más allá del río Salado, el espacio de los rancheríos de vanguardia, de los fortines de defensa, de la pradera ignota para el blanco” (Silvestri 224). Dicho espacio visibiliza el problema de una frontera interna que compromete tanto la organización nacional como la definición del país como una nación civil. La expansión de la frontera interna se vincula, entonces, “con el tema de la identidad nacional en cuanto compromete la organización territorial, social y económica” (Blengino 30).
Bibliografía:
Blengino, Vanni. La zanja de la Patagonia (2003). Trad. Huberman, L. Buenos Aires: FCE, 2005.
Silvestri, Graciela. “El imaginario paisajístico en el litoral y el sur argentinos”. En Bonaudo, Marta (dirección), Liberalismo, estado y orden burgués (1852-1880), Nueva Historia Argentina, Sudamericana, Buenos Aires, 1999.
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